ESTOS ESCRITOS NO ENSEÑAN, NI CONFORTAN NI GUÍAN, Y LA INQUIETUD QUE ESCONDEN ES SOLAMENTE MÍA...















PARAFRASEANDO A ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ.







28 de abril de 2008

Recordando lecturas...


Un famoso epigrama de Calimaco, el XXIII, nos recuerda la seducción persuasiva del diálogo para un lector apasionado como Cleómbroto de Ambracia:


"Diciendo "Sol, adios", Cleómbroto de Ambrocia
se precipitó desde lo alto de un muro al Hades.
Ningún mal había visto merecedor de muerte,
más había leído un tratado, uno sólo, de Platón: Sobre el alma (el Fedón)".


En el Fedón se lee lo siguiente en el número 68: "-En Realidad, Simias, los filósofos verdaderos se ejercitan para morir, y la muerte no los espanta en manera alguna (...)".

Para la Guardiana

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23 de abril de 2008

De la otra palabra...


De la otra palabra guardo una imagen que sembré en el jardín de mi mujer, esta palabra creció como nos crece la barba, se tendió tanto hacia la ciudad en donde vives que dibujó calles y en sus esquinas los amantes furtivos escucharón deletrear a la soledad, dicen que se fue envuelta con el viento como se envuelven los pistilos que guardan las violetas, llegó tan lejos que se internó demasiado a dentro de sí misma, que se volvió laberinto para los escritores, botellas para los naúfragos, moneda para los desahuciados, eco para los mudos, y relato como pre-texto para el que lo lea.

Si fuera ella...







(...) (Hasta aquí ahora, transcurridos quinientos millones de años, miro a mi alrededor y veo sobre el escollo el terraplén del ferrocarril y el tren que pasa encima con una comitiva de muchachas holandesas asomadas a la ventanilla y en el último compartimiento un viajero solo que lee Heródoto en una edición bilingüe y desaparece en el túnel sobre el cual corre la carretera para camiones con el gran cartel "Vuele por Egypt air" que representa las pirámides, y un triciclo de heladero trata de pasar a un camión cargado de ejemplares de la entrega "Rh-Stijl" de una enciclopedia en fascículos, pero frena y vuelve a la cola, porque la visibilidad está obstruida por una nube de abejas que cruza la calzada procedente de una fila de colmenas situadas en un campo del que seguramente se retira una abeja reina llevándose detrás todo un enjambre en sentido contrario al del humo del tren que vuelve a aparecer en la punta del túnel, de modo que no se ve nada debido a ese estrato nebuloso de abejas y humo de carbón como no sea unos metros más arriba un campesino que rompe la tierra a golpes de zapa y sin darse cuenta saca a la luz y vuelve a enterrar un fragmento de zapa neolítica semejante a la suya, en un huerto que rodea un observatorio astronómico con sus telescopios apuntando al cielo y en cuyo umbral está sentada la hija del guardián leyendo el horóscopo en un semanario que tiene en la cubierta la cara de la protagonista del film Cleopatra, veo todo esto y no siento ninguna maravilla porque hacer la concha implicaba también hacer la miel en el panal de cera y el carbón y los telescopios y el reino de Cleopatra y los films sobre Cleopatra y la pirámides y el diseño de zodíaco de los astrólogos caldeos y las guerras y los imperios de que habla Heródoto y las palabras escritas por Heródoto y las obras escritas en todas las lenguas incluso las de Spinoza en holandés y el resumen en catorce líneas de la vida y las obras de Spinoza en el fascículo "Rh-Stijl" de la enciclopedia en el camión que el triciclo del heladero ha dejado atrás, y así al hacer la concha me parece también que hice el resto. Miro a mi alrededor ¿Y A QUIÉN BUSCO? Siempre a ella, la busco enamorado desde HACE QUINIENTOS MILLONES DE AÑOS y veo en la playa a una bañista holandesa a la que un bañero con cadenita de oro muestra el enjambre de abejas en el cielo para asustarla, y la reconozco, es ella, la reconozco por su modo inconfundible de alzar el hombro hasta tocarse casi una mejilla, estoy casi seguro, y hasta diría absolutamente seguro si no fuera por cierta semejanza que encuentro también en la hija del guardián del observatorio astronómico, y en la fotografía de la actriz caracterizada de Cleopatra, o tal vez Cleopatra tal como realmente era, por lo que de la verdadera Cleopatra sigue presente en cada representación de Cleopatra, o en la reina de las abejas que vuela a la cabeza del enjambre por el impulso inflexible con que avanza, o en la mujer de papel recortado y pegado en el parabrisas de plástico del triciclo de los helados, con un bañador igual al de la bañista en la playa que ahora escucha por una radio de transistores una voz de mujer que canta, la misma voz que escucha por su radio el camionero de la enciclopedia, y también la misma que ahora estoy seguro de haber escuchado durante quinientos millones de años, sin duda es ella la que escucho cantar y cuya imagen busco y no veo más que gaviotas planeando sobre la superficie del mar donde aflora el centelleo de un cardumen de anchoas y por un momento estoy convencido de reconocerla en una gaviota hembra y un momento después dudo de que no sea en cambio una anchoa, pero podría ser igualmente una reina cualquiera o una esclava nombrada por Heródoto o solamente aludida en las páginas del volumen que ha dejado para señalar su asiento el lector que ha salido al pasillo para entablar conversación con las turistas holandesas, o cualquiera de los turistas holandesas, o cualquiera de las turistas holandesas, de cada una de ellas puedo decirme ENAMORADO y al mismo tiempo seguro de estar SIEMPRE ENAMORADO SÓLO DE ELLA. Y cuanto más enloquezco de amor por cada una de ellas, menos me decido a decirles: "¡SOY YO!", temiendo equivocarme y más aún, temiendo QUE SEA ELLA quien se equivoque, me tome por otro, por alguien que a juzgar por lo que ella sabe de mí podría ser también confundido conmigo, por ejemplo, el bañero de la cadenita de oro, o el director del observatorio astronómico, o una gaviota, o una anchoa macho, o el lector de Heródoto, o Heródoto en persona, o el heladero ciclista que ha bajado a la playa por un sendero polvoriento entre chumberas y está rodeado por las turistas holandesas en bañador, o Spinoza, o el camionero que lleva en su cargamento la vida y las obras de Spinoza resumidas y repetidas dos mil veces, o uno de los zánganos que agonizan en el fondo de la colmena después de haber cumplido su acto de continuación de la especie). (...)




Fragmento tomado de: LAS COSMICÓMICAS. Autor Italo Calvino Editorial Minotauro, págs. 181-183. Barcelona Junio 2002.

Lo inevitable




Esta calle debió conducirme hacia la estación del tren pero ésta vez se encapricho y me llevo a su lado. Y ella es una persona que trae tatuadas todas las calles de esta ciudad; no hay esquina que no le recuerde una historia, un rostro, una palabra, una voz… a veces la veo sonreír y en otras una mueca seca se estampa en su rostro y una lágrima se resbala perezosamente entre su mejilla. Entonces guardo silencio y envuelvo la guía rojí y seguimos como peripatéticos hasta que el sol cubre lentamente la desnudez de la noche. Y al concluir nuestra jornada de simpatía no entramos en más preámbulos ni nos son necesarios los números telefónicos ni las direcciones virtuales, ya que creo fehacientemente lo que ella me susurró al oído: Cuando en tu nombre se doblan las calles lo inevitable es el encuentro.

21 de abril de 2008

La pregunta...



¿Por qué escogí el mote de Heródoto? Porque se le adjudica según Cicerón ser el padre de la Historia o Porque es el autor privilegiado del personaje del PACIENTE INGLÉS y no terminaría de preguntarme y quizás la única respuesta válida sería está: la verdadera historia pasa a través de lo único que dá sentido al cósmos: LA MUJER, y como complementaría Kazantzakis: "La mujer es una eterna historia". Es una historia que continuamente hay que estar narrando...

Helena con "H"...


Escribo tu nombre y lo recorro con las puntas de los dedos, letra por letra; levemente, como hace una hormiga: memorizo el rastro que deja al pronunciarlo y es tan fuerte la empresa, aunque exista una tormenta, nunca podrá borrar la huella y tan cierto es que será otra hormiga que recorra el sendero, no por ello, podrá perderse...

18 de abril de 2008

Manual para control de plagas


"Cómo detener la aparición de las hormigas"

José Carlos Beccerra.

Eran tantas las hormigas y asombrado estaba que no abordarán ni la taza de café ni los residuos de las galletas que antenoche olvide sobre el escritorio; a mi parecer todo ello les era indiferente: ¡lo único que se llevaban eran tus letras! Sólo dejarón un pálido papel azul, un garabato que intuyo es tu firma y del sobre la fecha del matasello del correo...

De la enfermedad llamada entreletradorosis...




La cigüeña intuye el anonadamiento de las calorías que disipa corriendo hacia la amplitud disimulada, favoreciendo el superávit de la señora vendedora de sueños incompletamente inmensos, mientras el encarrilamiento del tren de tus prisas descentraliza la terminal en la que te espero mientras realizo las mil quinientos dos veces intentando dibujar tu rostro con el humo del cigarro, pero lo único que logro es consumir mi desesperado reloj en el filtro del cigarro que arrojo por la alcantarilla que aspira mientras agudiza su oído para escuchar tu taconeo por la avenida revolución. Tangodizando tu vestido entallado quisiera que mi brazo sea enredadera sumergible en el espacio de tu cintura en la cuál gira mi mirada y mis días. Bebiendo alcohol disipo los insomnios y las noches en las cuales no estabas conmigo; aletargamiento dividido en los ecos de las calles, alguien anaranja tu sonrisa, posibilitando la ingravidez de tus deseos. Enletrenamiento es este acto absurdo "per se", de escribirte a ti que nunca lees mis cartas pitagóricas que solamente hablan de tu ausencia macro cósmica.




Diario sin fecha





Todo diario se puede dividir en dos partes. La primera, nace de una manía, la segunda de un cúmulo de ellas. Hoy, estoy inmerso en la segunda. Por la mañana, fijé la memoria con el zumo de una toronja. Cuando la exprimes con las manos, la cáscara te deja en ellas, una linea púrpura, como un tatuaje. Puedes tomar una hoja blanca e imprimir -como lo hizo Gutemberg- su primera hoja. Así lo he hecho. Al primer golpe de vista observé una cartografía, de líneas bien marcadas, como las avenidas de una ciudad sumergida en el mar de un profundo sueño.

Ahora esta palabra...


"Ahora esta palabra con su resorte de niebla"José Carlos Becerra.

"Ahora" que voy rumbo a ningún lugar, por el simple gusto de viajar, "ahora" que en realidad la distancia si cuenta entre nosotros, "ahora" que el recuerdo es un simple ejercicio de la memoria, es más que un ejercicio, es un trabajo lúdico; "ahora" y quiero abrirle las entrañas a esta palabra y saber si conserva el tiempo o le sucede como a nosotros que nos consume y este memorar también tiene su propio modo de viajar; "AHORA" veo el amanecer caer en una calle de Campeche; después te presentas tú, con manchas de pintura en las manos, "AHORA" me veo de repente de niño, llevando un kilo de tortillas en las manos, me veo correr, parece que se me hace tarde para llevarle el mandado a mamá y no sé cómo explicarle mi tardanza, creo que le diré: ¡me hice eterno! Es más me hubiera gustado que escuchara como suena en mis labios la palabra "eternidad"; "AHORA", la carta que me enviaste, aún no la he leído, me dices mientras enciendes un cigarrillo y entre el humo que exhalas contemplo como tu rostro se pierde, por el simple hecho que es desde la memoria en donde te observo ; "AHORA" y nada es lineal, ni el tiempo, ni la Historia, ni nosotros...

De-escribirte



"Las mujeres siempre tienen la forma del sueño que las contiene".

Juan José Arreola.

Describirte es un arte que aporta riesgos; es también, una continua tarea de observación. Al caminar parece que prácticas la levitación, tu naturaleza femenina es un baluarte metafísico: tu argumento es el de las palomas aunque tu icono es la serpiente. Con este antecedente superas mi campo visual y es necesario recorrerte con las manos. Tu piel asemeja la textura de los duraznos, tus orejas la típica muestra que las hadas existen, tu nariz se parece a la tercera letra del alfabeto griego en minúscula, de tus labios me reservo el comentario de que están para ser besados. Sólo hace falta escuchar tu nombre, como se escucha el mar en las escolleras, rumiarlo constantemente y olerlo como pan fresco puesto sobre la mesa. En fin, siempre falta una palabra, un rasgo que no puede definirse, como ese silencio que tu mirada contiene...

La monotonía de las horas


Justo en el momento en que cruzaba el umbral de la puerta se iluminó el cielo, no sé si fue por la luz fugaz de las estrellas o por las incesantes velitas que transportan azarosamente las libélulas. Fue en ese momento en que escuche todo: desde el andar apresuroso de las hormigas, la risa contagiable de los niños, el silencio de los mares, el gemido de las calles por encontrarse desiertas a estas horas de la noche; el destapar de las cervezas de algún bar no muy lejano de aquí, el brindis de las copas, el rozar de las faldas de las damas cuando las levanta intencionalmente el viento (lo más seguro es que fue mi mirada), llegando hasta el abrupto encendido de un cigarrillo… y después compañero vuelve lo que siempre detesto: la monotonía de las horas. ..

17 de abril de 2008

Pre texto para escribir una carta

Te escribo desde mis imprecisiones (no puedo decir personal, puesto que no hay nada personal en la escritura); es más claro, no ser lo. Por ello, me regodeo desde ésta otra parte del papel (para no repetir escritura), no debes esperar nada nuevo, de alguien que se define desde las imprecisiones pero es más que esto, quisiera llegar a decirte cosas desde la nada que me habita, y sólo entonces podré asegurarme que te he escrito una carta, está es mejor darla por perdida, le otorgamos la etiqueta: "no se publique por favor", no le des gran importancia; yo prefiero cerrar los ojos y seguir tecleando letras sin ningún fin que llenar este espacio, pero vaya tarea más absurda me han indicado que este espacio es infinito; sí es así, y la comparamos con nuestras existencias que tratamos de llenar de cosas (para no decir de letras o libros) nunca esperemos verla satisfecha, sin otro referente que la despedida y esperando no perder el hábito y gusto por curiosear, lo que comúnmente llaman por perder el tiempo (vaya expresión se pierde lo que se tiene yo nunca he tenido el tiempo de mi lado, ni en el bolsillo, ni en ninguna otra parte de mi cuerpo)...